domingo, 1 de diciembre de 2013

El gueto y la ciudad escaparate en el capitalismo contemporáneo: una mirada crítica al París "cosmopolita"




Por Alejandro Pérez[1]


La “banlieue” parisienne –el denominado quatre-vingt-treize 93 o neuf-troises una de las más ilustrativas y paradigmáticas formas en las que se ha estado construyendo la organización espacial del capitalismo global en el seno de la urbe de los países avanzados. Si bien tradicionalmente los barrios obreros o más paupérrimos se situaban en el centro de las ciudades (y/o en el borde de la costa, si la ciudad en cuestión tenía mar y puerto), actualmente se ha producido un desplazamiento hacia la periferia (movimiento que lleva más de cien años en progreso).  Desplazamiento que permite invisibilizar a una gran parte de la población. La ciudad escaparate del capitalismo contemporáneo siempre ha buscado limpiar todo aquello que se relaciona con la parte decadente y tétrica consustancial a la mercancía.

I-El gueto

Cité Floréal, en Saint-Denis

La “guetización” del 93 es más que evidente, enormes bloques de pisos insalubres y hostiles son el paisaje habitual de esa zona. Gracias, y digo bien gracias, a los disturbios se derribaron muchos de ellos para intentar reconstruir algo que se asemejara a viviendas dignas. También se pusieron nuevas vías de comunicación con París para que no fuera únicamente un bus el que conectara alguno de esos municipios con la capital gala. Son parches que intentan arreglar una cuestión que tiene difícil solución en los parámetros del capitalismo contemporáneo.



Les 4000, La Courneuve
No hay muchas tiendas de telefonía móvil, ni sucursales bancarias, ni tiendas de moda en Seine-Saint denis. Abundan restaurantes de cómida rápida musulmana, “taxiphones” y grandes superficies de supermercados estilo Carrefour o Leader Price. Si buscáis el típico café parisino tampoco lo encontraréis. Tampoco hay mucho espacio para los museos.
Cuando uno toma el RER (el tren que conecta París con los suburbios) puede observar  el progresivo cambio en la tez de sus viajeros. Más se acerca uno al centro, más blanca es la piel, más se aleja uno del centro, más oscura se vuelve la piel. Pocas personas blancas viven en el 93 (en algunas zonas, la tasa de habitantes de origen extranjero supera el 80%). Los hábitos de los viajeros también son distintos: no encontrarás a casi nadie leyendo un libro o consultando su móvil de última generación en los buses y trenes que recorren la banlieue. Estos pequeños detalles son la punta del iceberg, las señas, de las divisiones de clase (manifestado en la ropa y la ausencia de artilugios de última tecnología), de raza y de cultura (en su sentido más amplio, la propia materialidad de nuestras existencias nos aboca hacia una cultura determinada, no me refiero únicamente a los países de origen, sino a los hábitos adquiridos aquí) existentes en nuestra sociedad. La lengua en el gueto también es distinta, no sólo por los acentos, sino también por las palabras empleadas.
El saludo rutinario entre los viajeros de los buses del 93 denota los lazos sociales creados a fuerza de vivir en la calle, en comunidad. La persistente presencia del Rap y el Hip Hop en muchas esquinas de los barrios (ya sea a través de la estética, los graffitis o los bailes), la tensión creciente y latente entre las personas pero, al mismo tiempo, con muestras de solidaridad espontáneas –ya sea abriendo los tornos que dan acceso al tren o al metro o las miradas cómplices ante la presencia de un forastero en el barrio (la policía está incluida en esta categoría)- son, por su lado, las señas de la cultura autónoma generada dentro del gueto. Una cultura con sus propias características, sus propios códigos, muchas veces mal comprendida, y que ha servido –por ejemplo, en su vertiente musical- generar confianza en las personas que están inmersas en este mundo. Una cultura que, evidentemente, está impregnada por la impotencia, la violencia y la frustración pero que, al mismo tiempo, da muestras de comunidad, creatividad artística y solidaridad completamente ausentes en los barrios acomodados (en los que los vecinos de un mismo rellano ni siquiera se conocen). Existe una extraña combinación de frustración, depresión, dolor, tensión violenta en cruces de miradas y, por otro lado, jovialidad, complicidad y ganas de vivir.
Es muy curiosa la forma que tiene el rap de, a través de vidas y experiencias reales trágicas y violentas, sacar un tipo de orgullo que los hijos de la burguesía envidian e intentan emular de forma patética (frustraciones falocéntricas, envidian la testosterona ambiental del gueto, con su violencia y sus códigos de respeto y poder dentro del barrio). De hecho, el Hip Hop en general re-significa la idea de humillación, marginación y violencia. De todo aquello que podría y es duro saca su propia seña de identidad. Tuvo su papel en los disturbios del año 2005 que pasaré a comentar a continuación.
II-Señales de humo

Los disturbios del año 2005 hicieron mundialmente conocido al departamento 93, la Seine-Saint-Dénis, y pusieron en entredicho el supuesto éxito del modelo de integración francés. El conocido film La Haine anticipó lo que ya era inevitable: la explosión de rabia social contenida.  Aquellos disturbios se iniciaron en octubre del 2005 cuando tres chavales menores de edad, subsaharianos y sin papeles, huyendo de la policía se escondieron en los transformadores con el resultado de dos muertos y un herido grave. Esa misma noche, el rumor de la muerte de los menores se extendió rápidamente en todo el municipio de Clichy sous bois y empezaron a incinerarse los primeros coches (seña de identidad de aquellos disturbios). Al día siguiente, durante la represión de la policía a los jóvenes que estaban quemando vehículos, un gas lacrimógeno fue lanzado al interior de una mezquita (durante un rezo, pues era el último día del Ramadán). Aquel acontecimiento terminó por prender la mecha de una bomba que ya llevaba años preparada. Los musulmanes vieron en aquel suceso (que realmente pudo ser fortuito, aunque eso no quita que disparar gases cerca de una mezquita sea significativo del poco “respeto” que se tiene hacia ese colectivo de religiosos) un ataque frontal hacia ellos y en los días posteriores los disturbios fueron extendiéndose por toda la región y otras ciudades.
Muchos analistas tildaron a los jóvenes de delincuentes que hacían aquello para divertirse. Se intentó desprender el significado político de todo aquello. Jóvenes que no estaban ni organizados ni politizados empezaban a quemar coches, escuelas, comisarías…nadie sabía como dar respuesta. De hecho, se cayó en la propia trampa de la sociedad del espectáculo: los espectadores tranquilos de clase media encendían el televisor a las 8 de la noche para observar aquella “salvajada” de incivilizados (y, así, aliviar sus pulsiones y sentir la tranquilidad de sus propios barrios, un visionado autocomplaciente) mientras la prensa buscaba la mejor hoguera de aquel día. La gente desea ver violencia y la prensa actuaba en consecuencia. Por otro lado, los jóvenes olvidados de la periferia también esperaban con anhelo la hora del telediario: por primera vez sus barrios eran los protagonistas, por primera vez en sus vidas fueron personas que existían para la sociedad en la que viven. Acostumbrados a ser despreciados y marginados por las clases dirigentes, por los medios de comunicación y por el francés blanco, católico y de clase media parisina, cogieron conciencia de su fuerza. Fue un grito de vida, una rabia digna, la última forma que les quedaba para entrar en diálogo con una sociedad que nunca los trató como a unos iguales.
Los localizados disturbios fueron el síntoma de una enfermedad que atraviesa a casi todos los países occidentales y que se está agravando con la crisis. La división racial y de clase en las ciudades más importantes de occidente es una brecha que parece insalvable. Una división que se hizo física desde el comienzo, se hacinaron y amontonaron a todos los trabajadores pobres migrantes en las afueras de París. De esta forma, los blancos y ricos podían ahorrarse el tener que lidiar y ver la otra cara de su sistema.
III-Existencias sin sustancia
Zizek afirma que nos estamos desplazando hacia una realidad virtual, sustrayendo todo lo que tiene de peligroso la realidad cruda: café sin cafeína, cerveza sin alcohol, nata sin grasa, tabaco sin tabaco. Se le sustrae a la existencia su sustancia para eliminar aquello que tiene de nocivo, de peligroso. Del mismo modo, las ciudades más importantes del capitalismo contemporáneo intentan sustraer todo aquello que es propio del sistema, a saber, la pobreza que genera así como el clasismo, el racismo y la violencia que le son inherentes.  Los barrios acomodados y del centro se blindan mediante una presencia policial y de cámaras para asegurar la “seguridad” de sus habitantes y visitantes (turistas). Se erradica todo aquello que pueda indicarnos que debajo de esa realidad de cristal, de pulcritud, de perfección, de belleza existe una basura que le es co-sustancial. Pero, como en Madrid se sabe bien tras la huelga del personal de limpieza, la basura existe y tiene que salir por algún lado.
París, como Londres, como Nueva York, son ciudades escaparate. Paradigmas del capitalismo contemporáneo. Ciudades-mercancía, ciudades que se venden a sí mismas e intentan mantenerse pulcras. Como las mercancías, deben mostrarse en bonitas vitrinas para intentar atraer al consumidor, escondiendo todo lo que llevó su proceso de producción. Es ahí donde tanto duele y molesta la podredumbre, la suciedad, la imperfección del gueto. Ese gueto tan necesario para la producción de la ciudad virtual. Ese gueto feo y gris. Esa basura necesaria.
Estoy iniciando ahora una interesantísima y recomendable lectura del ensayo de David Harvey Ciudades rebeldes, del derecho a la ciudad a la revolución urbana.. No he puesto casi ninguna referencia al mismo ya que trata otros temas complementarios (se insiste ahí en el carácter alienante de la ciudad capitalista, en su relación con las crisis y en nuestros propios modos de vida y de posibilidades de revolución), pero os dejo el enlace:

[1] Estudiante del Master “Philosophie et critiques contemporaines de la culture”, Universidad Paris 8 Vincennes Saint-Denis. Actualmente sostiene un blog sobre reflexión política y filosófica : Mentótica en http://alejandroperezp.wordpress.com

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