domingo, 7 de diciembre de 2014

Michel Foucault, Del gobierno de los vivos. Pons, H. (Trad.), Buenos Aires: F.C.E., 2014, 441p.




Del gobierno de los vivos[1] es un curso bisagra: constituye la primera de las indagaciones que Michel Foucault lleva a cabo en el campo de la ética en el Collège de France. "¿Cómo es posible que, en la cultura occidental cristiana, el gobierno de los hombres exija de parte de quienes son dirigidos, además de los actos de obediencia y sumisión, ‘actos de verdad’ que tienen la particularidad de requerir que el sujeto no solo diga la verdad, sino que la diga acerca de sí mismo, de sus faltas, de sus deseos, del estado de su alma?", se pregunta. Este interrogante lo lleva de una relectura del Edipo rey de Sófocles al análisis de los "actos de verdad" propios del cristianismo primitivo, a través de las prácticas del bautismo, la penitencia y la dirección de conciencia. Así, se ocupa de los actos mediante los cuales se convoca al creyente a manifestar la verdad de lo que él mismo es, en cuanto ser indefinidamente falible. Desde la expresión pública de su condición de pecador en el ritual de la penitencia hasta la verbalización minuciosa de sus pensamientos más íntimos en el examen de conciencia, lo que vemos perfilarse es la organización de una economía pastoral centrada en la confesión. En este curso, dictado en el primer trimestre de 1980, Michel Foucault prosigue con la historia de los "regímenes de verdad" que atraviesa toda su enseñanza en el Collège de France, pero somete dicho recorrido a un viraje fundamental. La exploración, iniciada en el campo de lo jurídico y lo judicial, había seguido en el campo político, con la temática de las relaciones de poder-saber y, luego, de la gubernamentalidad. Aquí se extiende al campo de las prácticas y las técnicas de sí, dominio de la ética que Foucault ya no abandonará.

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